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Ultimo testimonio

ULTIMO TESTIMONIO TEODORO NUÑEZ URETA

(Ultima entrevista realizada diez días antes de su fallecimiento. Agradecemos a Vivian Goycochea de Díaz por darnos permiso para su publicación exclusiva en este sitio.)

Hábleme sobre Arequipa:

Los arequipeños amamos mucho el paisaje; cuando tenemos vacaciones normalmente nos vamos al campo, a la chacra. Nos salimos de la pequeña ciudad, que siempre implica como toda ciudad una disciplina una sujeción. Nos vamos a correr por los bordes a montar caballo.
Arequipa… cuando usted no puede regresar es un recuerdo enorme, nada más, inmenso, que no se puede evocar con palabras. Mis días de Arequipa son los más alegres con mi gente, con la familia, con los niños… con el paisaje, con la señora, con toda esa cosa tan hermosa del país. Hemos vivido tan unidos a ella, aquí me siento       – un poco – a ratos, un poco turista, y cuando veo esos programas en televisión, me siento hasta un poco extranjero. Porque si me digo, de donde sale esta otra gente? Con cosas tan raras, con estas ideas tan graciosas. Bueno, ¡son de aquí!.

¿Cómo fue su niñez?

Fui como un caballo sin montura, un poco indisciplinado, pero respetuoso de las cosas que entendíamos importantes, y rebeldes para todo aquello que era sujeción o dominio de otra gente.
He nacido, he crecido en épocas bastante movidas. Hemos querido protestar, hemos protestado, contra abusos, contra dominios de gobiernos despóticos, nos han encarcelado, nos han deportado. Hemos estado fuera un año más o menos del país y hemos vuelto siempre con cierta fe, por lo menos en lo que a mi atañe, no he cedido. No he sido revoltoso, no ando haciendo escándalos, pero tampoco soy un incondicional de nadie. Pienso que el hombre en el Perú necesita encontrarse bien todavía. Y el hombre en el Perú necesita que se le ayude, que nos ayudemos entre nosotros a definir nuestra nacionalidad, como más coraje, con más valentía, que no nos pongan etiquetas cuando no queremos tener etiquetas, pero que no nos prohíban el buscar un camino si creemos que es el mejor. Yo no creo que va a encontrar usted, un hombre de mi edad, que a esa edad que yo tenía (juventud), se haya librado de la inquietud política, y que si no tiene ahora un puesto público, -yo no lo tengo- todavía esté tranquilo. Sigue intranquilo y discutiendo. Yo no discuto ni estoy intranquilo, porque he tenido el puesto, los he tenido, pero los he dejado, porque yo no quiero ser dependiente de nada.

¿Cómo descubrió su vocación en la niñez?

Un día sale uno a pasear por allá, por el campo y derrepente da la vuelta y ve el Misti, ve la montaña, ve a las cinco de la tarde los colores maravillosos del crepúsculo y se pone un lápiz en la mano y comienza a dibujar y el arte va apareciendo lentamente, como empujándolo. No hay nada que hacer, no se puede evitar. Al otro domingo regresa, ve lo mismo pero ya trae sus colores un papel y después en la noche regresa casi llorando a enseñar a la madre el fracaso de la expedición. No pudo sacar nada, pero poco a poco va llegando.

Recuerdo mucho a mi padre, me encuentra dibujando manos y me dice ¿por qué dibujas así, con las manos en los bolsillos, no, no. Me trajo de regalo un espejo de tres vidrios, me dijo: pon la mano adentro de los tres, dibuja con la otra mano y al revés y vas a prender a hacer manos. Y bueno pues, es un remedio maravilloso. Ese sería un gran remedio para todos los pintores, tener un espejo de tres vidrios, cosas por el estilo.

 ¿Es usted autodidacta?

En verdad, yo creo que no hay nadie en el mundo que no sea un autodidacta, a pesar de que vaya a las mejores escuelas tecnificadas porque… uno tiene que gobernarse, uno tiene que mandarse a sí mismo, tiene que controlar su capacidad, ver cuál es el límite de su sensibilidad, sino no sirve y ¡eso es ser autodidacta! Es el hombre que mide su propia fuerza y eso es lo más difícil que hay ¡muy difícil!

¿Cuáles eran sus principales inspiraciones?

El ser humano, ayer, hoy y mañana. Ahora pintaría lo mismo, la gente, la vida alegre y triste, fiestas, tristezas, penas, duelos, mi pueblo, lo que somos.

¿Cómo es que decide usted hacer murales?

Descubrí que, cuando uno pinta un cuadro, se lo va a guardar alguien que tiene dinero en su casa, pero el mural tiene la ventaja de que puede ser visto por mucha gente. Entonces vale la pena intentar, como lo han hecho los mexicanos con éxito. Pintan algo que todos puedan ver y que pueda estar cerca a los demás y entender a los demás o tratar de hacerlo. Traté de pintar murales con el mismo significado, hacer una síntesis del país, y mi opinión, y mi cariño al país y mi amor por las cosas que he vivido y que me producen el final.

¿Qué mural recuerda con más cariño?

Me parece que el que mejor he realizado es el mural de Hacienda del Ministerio de Economía. He pintado allí el esfuerzo por hacer el país más que el país mismo, el esfuerzo, la gente en el mar, en la sierra, en la costa, en todas partes, trabajando para que por fin, el hombre pueda ofrecer el agua transparente a la mujer, a la familia para que afirmemos nuestra propia convicción. Ese es todo el mural.

Usted ha señalado que el humor y la sátira son los campos en los que siempre se ha movido:

Pues de colaborar en el descubrimiento y afirmación de un país, eso es importante, el artista plástico o literal tiene una obligación muy grande de afirmar y contribuir a la afirmación de un país… tanto como el político, al final es la forma más amplia y más pura de hacer política, es la respuesta de todo ser humano al país en que vive, en que ha nacido y vive. El arte que hago yo es producto de la inquietud que me da el país e que vivo.
¿Sabes que la pintura es como el reumatismo? No, no te mata, cuando se va no se va del todo, siempre se queda. Siempre duele un poco, duele alguito, ese alguito se lo deja a la persona y nunca se va…

¿Qué recuerda usted de su etapa en la Escuela de Bellas Artes?

Recuerdo, la falta de amor por el país, la falta de inquietud por lo que somos, el exceso de teorías, el exceso de copia de modelos extraños. Eso me preocupa, me sigue preocupando. Somos muy imitadores.

¿Qué mensaje daría usted a los jóvenes?

Pues que se fijen menos en modelos extranjeros… que se fijen menos en patrones y modas, en istmos, que se fijen más en su país, en su propia sangre, en su propia gente… nada más!!

Y por ejemplo en pintura, todo el país, en Cajamarca, en Arequipa, en Cuzco tienen sus muchachos mestizos, interesados en el arte. Luego vienen a Lima, y acá les dicen que eso es provinciano pasadista, que miren a Europa, los abstractos, y los que se yo. Y comienzan todos a ponerse así, abstractos y pierden su espíritu, pierden su alma. Todos deben defender el espíritu del país y no negarlo. No imitar cosas de fuera mirar lo de adentro, tratar de decirlo a su manera a su modo, con coraje, con valentía. Pero estudiar mucho, porque se puede estudiar mucho sin ir a escuelas, y academias y se puede estudiar mucho sin ir al extranjero. Porque el arte en el fondo, y el alma del artista verdadero, es solamente el resultado de tenacidad, de lealtad, de pureza, de fuerza para mirar la vida, no es receta, ni es libro… es espíritu… nada más.

Transcripto del video “Teodoro Núñez Ureta”.
Realizado por Video y Cultura. Mayo de 1988.

Agradecemos a Vivian Goycochea de Díaz por darnos permiso para su publicación exclusiva en este sitio. Para su reproducción se debe pedir permiso a la autora.