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Casa de Osamela

Agradecemos al Dr. Luis Enrique Tord, quien nos ha proporcionado estas magníficas presentaciones sobre Teodoro Núñez Ureta en este caso hechas para el libro editado por el Banco Industrial del Perú de la Casa de Osamela (9 Junio 1988 – 3 Julio 1988), llamado Teodoro Núñez Ureta, Don Quijote en el Perú Profundo.

Teodoro Núñez Ureta reúne en su alto nombre una solera única e irrepetible: la del artista hondamente arraigado en su tierra, en esa Arequipa que ha nutrido a lo largo del siglo su talento, su corazón y su pincel en el amor a su pueblo, y en el cantar sus gestas, su orgullo, su sencillez, su fervoroso combate cotidiano. Y posee aún otro título mayor: el maestro ha vivido esta centuria alerta, comprometido, navegando en la cresta misma de su ola revuelta, embravecida, pintando óleos, delineando trazos, exigiéndole al cartón, la tela, el muro que sustenten ese fragmento de lo eterno que es toda obra de arte cuando ella revela lo que de trascendente tiene la humanidad. Y es que cada una de las obras de este artista, con ser expresión de una natural y sostenida habilidad, son sobre todo una lección de inteligencia y honestidad. Honestidad pues en cada una de ellas ha comprometido su ser, aquello que de más íntimo y noble posee el creador, fijándolo en esas formas como en un ritual de profunda identificación con los sucesos que denuncia, canta o celebra. Y esa inalienable y única cualidad del artista auténtico la apreciamos permanentemente en Núñez Ureta vertida en todo el extenso ámbito de su obra. Pues en su rica versatilidad ha puesto lo mejor y más agudo de su filuda ironía cuando se ha tratado de caricaturizar a figurones y personajes de nuestra vida política y social. Unos cuantos someros trazos le han bastado para extraerle a aquel vocal de la Corte Superior de Justicia su sombrío lado mezquino, sus artimañas de escriba, sus laberínticas astucias. O unas finas líneas rápidas para bosquejar el gesto, el rictus, el perfil de aquel militar socarrón, de aquel cura libertino, de aquel caudillo de aldea soñando con la banda presidencial.

Pero también es Núñez Ureta cuando canta en sus murales las cruentas luchas históricas de los próceres, los héroes y el pueblo forjando la patria, o abriéndole a ella el camino hacia la libertad y la justicia. Y también es Núñez Ureta aquel artífice de acuarelas y carbones en donde atrapa amorosamente al pueblo en sus mil oficios. En esos originales espacios blancos, el maestro ha hecho surgir un mundo que tiene vida propia. Y la tiene por la excepcional capacidad del artista al haber encerrado tanta vida, tanto pensamiento, tanta variopinta actividad mundana en aquellos bulliciosos manifestantes que enarbolan pancartas y banderas; en aquellos vendedores de ferias pueblerinas que ofrecen sus sencillas mercancías; o en esas picanterías donde se hace un alto en la lucha por la vida para placerse en la sabiduría de esos alimentos condimentados y picantes remojados por la dorada chicha maternal.

En la cima de su vitalidad creadora, Núñez Ureta ha reunido veintiséis obras de su más reciente creación en óleo, tinta, acuarela y madera. Fruto de su lucidez y energía en esta década conflictiva en el mundo, constituyen el zenit de su arte. De ese arte que viene iluminando la realidad, develándola, desde hace más de medio siglo. Y develándola con una toma de posición filosófica, doctrinaria, que ha difundido desde la cátedra universitaria, el periodismo y la diaria creación artística. Esa firme concepción realista en su arte está magníficamente plasmada en sus murales del Hotel de Turistas y en el Colegio Militar “Francisco Bolognesi” de Arequipa, en el Club “Arequipa”, y en Lima, en el Ministerio de Economía, Finanzas y Comercio, en el Ministerio de Educación, en el Panteón de los Próceres y en casas particulares así como en sus óleos, pasteles, tintas, carbones y acuarelas que recogen el vibrante universo popular de su tierra natal y de la capital de la República. De la misma forma sus tésis están desarrolladas en sus libros Siqueiros (1976); Pintura Peruana Contemporánea, dos volúmenes (1975-1976); Y La Vida de la Gente (1982), así como en numerosos artículos periodísticos.

En esta ocasión, luego de haber inaugurado en nuestra Galería de Arte de la Casa del Moral de Arequipa en noviembre pasado una importante exposición de su obra y la de sus hijos, organizamos en calidad de homenaje esta exposición de sus obras más recientes en los hermosos salones de la Casa de Osambela. Homenaje que será complementado con la próxima publicación a través de nuestro Fondo del Libro del título obra que recoge la obra muralística del maestro con textos inéditos de su posición frente al arte. Estas obras recientes de Teodoro Núñez Ureta constituyen pues un auténtico acontecimiento que nuestra entidad presentará posteriormente en sus galerías de arte de Trujillo y Arequipa.

Quede aquí nuestro reiterado agradecimiento al artista, a su familia, y a los directivos de la Casa de Osambela que han facilitado la realización de este homenaje.

DR. LUIS ENRIQUE TORD Oficina de Asuntos Culturales del Banco Industrial del Perú

Nota biográfica:

TEODORO NÚÑEZ URETA (Arequipa, 1912): pintor autodidacta y escritor.

Inició sus estudios en el Colegio San Francisco y los continuó en el Colegio Nacional de la Independencia Americana. Ingresó a la Universidad San Agustín. Participó en las protestas estudiantiles contra el régimen dictatorial que a la sazón se imponía sobre el país, siendo desterrado a Chile (1932-1933). De vuelta a su ciudad natal, optó el grado de Bachiller en Ciencias Naturales, con una tesis sobre La Herencia. Orientado hacia las disciplinas humanistas, optó los grados de Bachiller y Doctor en Filosofía y Letras, con una tesis sobre El Compañero Juárez y Lo Grotesco y lo Cómico en el Arte, respectivamente.

Incorporado a la docencia, regentó las cátedras de Historia del Arte y Estética (1936-1950), en la Facultad de Letras. Colaboró en el diario El Sur (1936), con el seudónimo de Zontarín. Con el artículo costumbrista La Abuela, se hizo merecedor del Premio Nacional de Periodismo (1943). Con los auspicios de la Fundación Guggenheim viajó a Estados Unidos (1943-1944) para estudiar las corrientes contemporáneas de la creación artística en ese país, y dió cima a un libro sobre Academismo y Arte Moderno (1945).

Fue el creador del Departamento de Extensión Cultural, Universidad del Aire, que a través de la radio, transmitió por primera vez el quehacer cultural arequipeño (1946-1956). Establecido en Lima, desde 1950, se consagró por entero a la pintura. Ha realizado notables frescos en el Club Arequipa, Hotel de Turistas, Colegio Militar Francisco Bolognesi; y, en Lima, para el Ministerio de Hacienda (que mereció el Premio Nacional de la  Cultura Ignacio Merino 1954), el Ministerio de Educación Pública (1956), el de la Municipalidad de Miraflores (1964) y el Panteón de los Próceres (1971). Fue Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (1973-1976); y Presidente de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (1978-1980). Ha exhibido su obra en Lima, Arequipa, Chile, Venezuela, Panamá, México, Canadá, Estados Unidos, Unión Soviética, Suecia y Bulgaria.

Ha publicado Siqueiros (1976); Pintura Contemporánea Peruana, dos volúmenes, (1975-1976) estudio de la evolución de ese arte en el Perú republicano, con notas críticas y biográficas de los más importantes pintores, y reproducciones de sus principales obras; La Waytacha (1980), cuento traducido al ruso, inglés y búlgaro, que a través de un poético simbolismo, presenta las frustraciones del campesino en la urbe e induce al amor por la tierra; y La Vida de la Gente (1982), que reproduce 68 acuarelas y 35 dibujos, enderezados a criticar tipos sociales y costumbres, y cuya significación traza el propio autor en ágiles glosas. Actualmente la Oficina de Asuntos Culturales del Banco Industrial del Perú prepara la publicación de un libro ilustrado sobre toda su obra muralística con ensayos que, sobre el arte peruano, ha escrito el autor.

Ha presidido importantes delegaciones culturales en Chile, Estados Unidos y Bulgaria a donde asistió en 1980 invitado por la Unesco y el Gobierno de Sofía, siendo condecorado por el Círculo de Escritores y el de Artistas Plásticos de ese país.

Su tierra natal lo ha declarado Hijo Predilecto, otorgándole el Texao de Oro y la Medalla de Oro de la ciudad de Arequipa. Así mismo, en la capital se le concedió la Medalla Cívica de la Ciudad de Lima (1985). Su brillante trayectoria ha merecido el reconocimiento del Estado Peruano que lo ha condecorado con los más altos galardones: Orden “El Sol del Perú” en el Grado de Gran Cruz (1982); Medalla del Congreso en Grado de Comendador (1988); y las Palmas Magisteriales en el Grado de Amauta (1988).

Casado desde 1932 con Doña Lucila Rebaza Benavente, el matrimonio tiene cinco hijos: Teodoro, Beatriz, Alvaro, Lucy y Alonso Núñez Rebaza, todos igualmente artistas que destacan con importantes trayectorias.